martes, 22 de junio de 2010
Luego de leer a Rulfo
La sombra de la begonia, proyectada sobre la pared blanca abrumada por el sol, parecía una lagartija sigilosa que bajaba hacia los matorrales y luego, descubierta, se refugiaba en la otra mitad oscura donde la luz no llegaba, junto a las pequeñas palmeras que el viento batía suavemente. Sobre el alto paredón lleno de botellas rotas en sus bordes, se extendía un cielo azul intenso, resplandeciente, al que no se podía mirar de fijo sin delirar, y sobre el que las aves negras hacían círculos siniestros que asemejaban anillos oxidados. El viento corría agitando los árboles, creando ese silbido como de mar, y las flores amarillas chillaban ante el ataque indiscriminado de los colibríes y los cuervos. Todo era nostalgia en aquel viejo solar. Todo era nostalgia y soledad.
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